Hace unos años, cuando sustentaba mi trabajo de grado, se desató una polémica entre los jurados a la hora de dar un concepto acerca de mi trabajo. Aunque en ese momento lo consideré insignificante, el tiempo supo darme la razón.
Como trabajo para optar al título de Comunicador Social, decidí plantear y recrear una suerte de portal-comunidad para los estudiantes de mi Facultad, ya que por más de dos años había trabajado como administrador web de esa dependencia. Durante ese tiempo identifiqué una serie de necesidades que podrían resolverse a través de medios digitales, que abrirían los canales de comunicación y promoverían la interacción entre los miembros de la comunidad.Comencé a hacer una investigación formal en una era en la que estaba siendo testigo del nacimiento de las primeras redes sociales. Y eso precisamente fue lo que pensaron los jurados que estaba proponiendo. Sin embargo, entendía el concepto de “red social” como una serie de nodos interconectados, basados en la teoría de los seis grados de separación, abierta a cualquier persona, aleatoria y a ratos confusa. Los pocos usuarios de redes sociales en Colombia comenzaban a migrar de MySpace a Facebook, y quienes nunca habían sido parte de una comenzaban a crear sus cuentas. Twitter era en inglés, y muy pocos conocían cuál era su función; pero era el comienzo del boom.
De cierta forma, y aunque llevaba algunos años haciéndolo; y para llevarlo a un sentido más literal, la “Red” se hizo “Social”; o al menos así comenzó a reconocerse. Pero lo que yo planteaba era algo diferente. En el 2003, cuando uno de mis sueños era ser escritor, me uní a una comunidad virtual en donde los usuarios se registraban, publicaban sus escritos (poemas, cuentos, novelas, etc.) y los demás usuarios los comentaban, los calificaban; y cada quien comenzaba a generar una reputación. Esa comunidad iba más allá del teclado y el monitor, pues era costumbre hacer tertulias en cafés con los miembros para discutir algunos textos. No éramos una red sino una comunidad.
Y eso era lo que diferenciaba el planteamiento de mi proyecto de grado. Lo estaba enfocando a una comunidad específica que giraba en torno a intereses comunes, y que interactuaba dentro y fuera del entorno digital. Y precisamente, valiéndonos de muchas herramientas y mecanismos que utilizan las redes sociales (fotos, comentarios, muros, tags, comentarios, etc.), como agencia, hemos creado algunas comunidades virtuales, teniendo en cuenta los intereses comunes que unen a los miembros, y que los motiva a participar en relación a una temática. La primera vez que nos atrevimos a hacerlo, fue cuando la misma Facultad de Comunicación y Lenguaje de la Universidad Javeriana contrató a Expresión Media para hacer un sencillo portal web para promocionar un encuentro de egresados. Lo que hicimos fue identificar los valores que podían unir a las generaciones, y diseñar una plataforma en donde los miembros pudieran interactuar, actualizar sus datos y confirmar su asistencia al evento. Además tenían un foro de discusión en donde podían contar anécdotas de su generación, y también programar la música que querían escuchar en el evento. La plataforma definitivamente se anticipó al evento, pues los egresados se pudieron encontrar virtualmente desde meses antes.
No siempre es fácil construir una comunidad virtual, y no todo lo amerita. Para hacerlo, el público debe estar definido, pues generalmente, es difícil generar un vínculo emocional de la nada. La segunda comunidad que creamos fue una diseñada para dueños de mascotas, clientes de un hotel para perros que quedaba en el norte de Bogotá. Lamentablemente, la red era exclusiva para los clientes, y nunca se pudo extender. Antes de que la plataforma comenzara a dar frutos, el hotel canino cerró sus puertas.
En el mundo las comunidades ya existen, y están conformadas desde hace mucho tiempo. Existen para todos los tipos de personas, y todos los tipos de aficiones. Nuestro caso más reciente fue la comunidad del Rock independiente de Bogotá. Desde hace 4 años hemos trabajado con la organización Bogotá Ciudad Rock; encargada de promover la escena rock independiente de la ciudad. Cada año organizan el festival ExpoRock, donde participan gran cantidad de bandas de todos los niveles. En su edición 2010, decidimos hacer un portal en donde se expusiera en video el trabajo de las bandas ante la comunidad. Como incentivo, y como parte de la mecánica de concurso del festival se implementó un sistema de votaciones, que al final tuvo más de 11.000 registros. Los resultados motivaron a la organización a realizar una nueva versión del portal oficial que integrara las herramientas que se habían utilizado en el sitio del festival y mejorara algunas de las que ya tenía. El resultado fue Bogotá Ciudad Rock 4.0, la comunidad Rock de Bogotá, que proyecta a convertirse en el centro virtual más importante que ha conocido la escena independiente.
Esta comunidad se está convirtiendo lentamente en un punto focal de los amantes del Rock de la capital, y esperamos que lo siga haciendo. Por nuestra parte esperamos poder seguir agremiando a los diferentes grupos sociales, y seguir aportando todo nuestro conocimiento al respecto para hacer esto posible.
Mi próximo artículo será la segunda parte de Cuerpo Digital; y próximamente les contaré estrategias y plataformas para crear comunidades virtuales.


Buen artículo… Nada mejor que la experiencia para hablar de lo que se piensa y se aterriza. Finalmente la red-social parte y retorna a los vínculos humanos. Es en virtud de dichos vínculos que existen las conexiones que trascienden del monitor a la vida. Una vida de intereses comunes, convergencias, divergencias y nuevas maneras de pensar y recrear lo que somos.
Felicidades y mucho ánimo para seguir construyendo los puentes que unen a la gente con algo en común.