Vivimos en un mundo donde hay más cibercafés que cafés, donde la gente vive tan “conectada” que se desconecta. En un lugar donde muchos dicen sentirse acompañados estando solos o solos estando acompañados; sólo porque existe aquel que del “otro lado” le recuerda que este mundo puede ser tan infinitamente pequeño como ese clic de todos los días, o tan infinitamente grande como lo es para el viajero que decide recorrer cientos de naciones para disfrutar del gran regalo de hacerse mezcla.
Pero también vivimos en un país en el que muere gente todos los días y sólo algunas de esas muertes se publican en los medios para recordarnos la realidad de la muerte misma; incluso cuando esa muerte se convierte irónicamente en un trofeo que simboliza nuestra lucha por la paz. Vivimos en el lugar donde los niños y los perros llegan al mismo tiempo en sus respectivas rutas del “colegio” y en el que los pobres encuentran en los caninos su más leal compañía luego de haber vivido una vida enfermos de soledad e indiferencia.
Vivimos en un mundo donde se crean millones de nombres a diario para nombrar todo lo anterior, pero en el que en realidad no se inventan muchas cosas nuevas desde hace tiempo. En el lugar donde los juegos de palabras parecen la idea más creativa para nombrar un proyecto o empresa: cre-arte, san-arte, emocion-arte….
La comunicación es entonces el GRAN ASUNTO que supera los medios y sale a la calle para casi gritar lo que pasa. En nuestros días, la comunicación se convierte en el qué, en el cómo, en el quién, en el dónde, en el cuándo… Hay tanto, tanto, tanto que no queda realmente de dónde escoger o: ¿ha pensado usted qué pasa por su mente cuando se trata de elegir entre millones de anuncios publicitarios, cientos de canales de TV, decenas de pestañas que se abren en su computador con información y personas que demandan su atención mientras intenta “relajarse” después de un día de trabajo?
¿Ha pensado usted, o hemos pensado nosotros, que es finalmente comunicar-se?
Expresión Media vive y sobrevive por esta razón. Comunicar-se significa entonces el reto de asumir el mundo en el que vivimos, contar las historias que allí acontecen de la mejor manera posible y aún así seguirse preguntando qué es comunicación en nuestros días. El milagro del quehacer está en el intento que permite que miles de personas puedan cambiar sus vidas gracias a un mensaje preciso, sensible y oportuno que alguien expresó alguna vez. Ahora bien, comunicar-se trasciende el hecho de comunicar por “saber de comunicación”: sé comunicar, soy comunicación, eres comunicación…
En el saber está el espejo implica una profesión que pasa por la academia, pero se convierte en el testigo de lo que pasa en las calles en las que vivimos sin incluso tener un título como requisito. Saber acerca de algo sobre lo que todo el mundo dice saber y lograr que su cliente no se ofenda porque usted le da su “humilde opinión” sobre los colores y el tipo de contenido que debe ir en su sitio web. Pero a la vez, saber acerca de algo que la gente enaltece como su bien más preciado y que se regocija cuando finalmente tiene unas tarjetas corporativas con su logo profesionalmente rediseñado. Saber acerca de algo que no es un producto, sino una de las mejores maneras para impactar una sociedad en permanente transformación. ¿No es acaso ese saber más que un reto y un honor? Cada día queremos compartir eso con nuestros clientes, ubicados en el mundo tan especial, desigual e paradójico en el que vivimos… Ese mismo que nos revela cuanto vale la pena saber comunicar lo que realmente es importante.


Creo entonces que “comunicar-se” es enviar un mensaje efectivo, dependiendo de las necesidades específicas de quien necesite transmitirlo. Es un “saber” y una “oportunidad”.